¿Construyes o destruyes?
por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 4 Mayo 2011Constructividad vs. destructividad ha sido un debate muy intenso que hemos tenido unos amigos este fin de semana -largo en Madrid-.
A raíz de un caso particular de un amigo, salieron a discusión multitud de cuestiones relativas a las actitudes en el trabajo. Concretamente, a las actitudes constructivas y a las destructivas ante multitud de elementos, realidades y sucesos que siempre acontecen en el mundo laboral.
Ante un problema surgido durante la ejecución de un proyecto, en el caso del que os hablo, afloraron en el equipo multitud de actitudes, que llamemos, destructivas a la hora de abordar tal problema: obviar solucionarlo y aprender de él favoreciendo la crítica y la negativa al diálogo.
Parece lógico que adoptar una actitud constructiva ante un problema es la mejor forma de abordarlo. Los motivos son caso infinitos. Ante una actitud constructiva de un equipo hacia un problema:
- La solución se torna segura o, al menos, más probable
- La información y el aprendizaje que se extrae de él es enormemente valiosa
- Posibilita -y exige- la adopción de medidas para corregir o perfilar los determinantes de ese problema
- Facilita un clima de trabajo satisfactorio, productivo y eficiente
- Necesariamente, establece espacios, canales y contextos de comunicación beneficiosos para todos los integrantes del equipo y para todos los elementos que conforman una realidad laboral concreta
- …
Parece obvio, sopesando los pros y los contras de cada uno de los dos abordajes de una problemática, cuál de ellos redunda en un neto valioso, y cuál de ellos redunda en todo lo contrario.
Se me ocurre decir que “ser un buen profesional” exige, entre multitud de cualidades, el abordaje constructivo de los problemas inherentes al ejercicio laboral. Casi me atrevería a decir que exige, además, un abordaje solidario: a todo el equipo o la entidad le incumben sus posibles consecuencias y todos deben hacer por alcanzar la solución y el aprovechamiento de la información que arroja tal suceso.
Mi aporte al debate del fin de semana, es que la línea que separa lo profesional y lo personal, no existe o es milimétricamente fina. No existe o es milimétricamente fina, al menos, en los términos en que parece que se entienden dentro de nuestra cultura laboral. La famosa separación de lo personal y lo profesional es una figura retórica.
No deseo entrar en debates filosóficos. Pero, dentro del coworking y la emprendeduría, muchos entendemos el trabajo como un medio y un instrumento de desarrollo personal. Las personas hacen el trabajo y el trabajo hace a las personas. En mi caso, en el trabajo, deseo lo mismo que en mi vida: bienestar, aprendizaje, relaciones sociales satisfactorias, asunción de retos, satisfacción de la curiosidad y la excitación que me producen las cosas…
No estoy seguro de que si alguien adopta una actitud destructiva en el trabajo necesariamente lo haga ante sucesos análogos de la vida personal o cotidiana. Sin embargo, sí creo que ante la observación de cómo es una persona en su cotidianidad, se pueden inferir patrones y repertorios de conducta que aplicará en el trabajo… y a la inversa.
¿En qué me interesa esto? En la medida en que en la emprendeduría uno tiene cierto margen en la elección de los compañeros de viaje, atender exclusivamente a las capacidades técnicas o profesionales de un compañero para conveniar asociarse puede traer consecuencias no deseadas por todas las partes.
Por contra, considerar también cuestiones de naturaleza personal repercute en las posibilidades de éxito y permanencia de la asociación.
Los casos de asociaciones profesionales entre personas que fracasan y se extinguen sin lograr sus objetivos son ingentes. Los factores que lo determinan son muchos, pero siempre la cuestión personal juega un papel determinante.
No existe una formula o algoritmo definido que nos diga quién puede propiciar un contexto de asociación mejor que quién. Pero me atrevo a decir que se le debe exigir lo mismo que exigimos para nuestra pareja, amigos, compañeros de piso o mascotas: alguien con quien se disfruta y se aprovecha el tiempo juntos.
Raúl Andrés, de Garage30, me ha instruido mucho sobre la elección de compañeros de proyectos. De hecho, los debates que nos traemos Raúl y yo, son siempre muy excitantes y provechosos. Dejando a un lado lo que aprendo -y quizás él también aprenda algo- y lo que disfruto, estos debates suponen un elemento para mí esencial de la compartición de espacios, tiempos y proyectos: la comunicación.
El primer paso: elegir las compañías y asociaciones adecuadas a nuestro perfil.
El segundo paso: la comunicación como el principal determinante e indicador de valor de las relaciones humanas. El próximo post sobre ello.

