Emprendedores

El antes y el después del trabajo

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 19 Julio 2011

Nunca he bajado tan rápido de la felicidad a la angustia como cuando recibí mi último aprobado universitario. Los “2000 kilos de losa en la espalda” que suponía para mí en esa etapa final mi rol de universitario se esfumaron de golpe. Pocas veces he sentido esa sensación de relajación provocada por la culminación de un proyecto de naturaleza tan vital.

Pero la alegría duro poco. En menos de 5 minutos, una losa de 4000 kilos se anclo a mi espalda: se acabaron las tonterías y había que construirse una vida, trabajo mediante. Miedo a lo desconocido, inseguridades sobre mis propias capacidades, la obvia ausencia de conocimientos y experiencias que aporten valor a un empleador, la exposición al azar y la arbitrariedad propia de la vida y del mundo laboral…

Con la perspectiva que me dan los años, me resulta graciosa la ansiedad con la que afrontaba los sucesos propios de aquella edad. Los comienzos laborales no fueron fáciles, desde luego, pero para nada ha sucedido en forma y proporción correspondiente con ese grado de preocupación con el que comencé mi vida laboral adulta.

Digo todo esto porque dos personas cercanas a mi se encuentran en estados ansiosos parecidos por motivos parecidos: un recién licenciado y una amiga al borde de la expulsión de su facultad por acumulación de convocatorias suspensas. Suponen acontecimientos de escala vital.

En ambos casos, me gustaría que pudiesen experimentar lo mismo que yo: como se ven en perspectiva estas cuestiones. Pero para eso hacen falta unos años.

Si me hubiesen expulsado de mi carrera, dudo que hoy lo viese como un drama. Cuando comienzas a trabajar, aun en condiciones alejadas de tus expectativas, pocas cosas malas se extraen de ello y lo que aporta esa experiencia es valiosísimo y, en ningún caso, convertible a unidades monetarias de volumen conocido por el hombre.

Porque, en mi caso, y este es el motivo de que hoy me dedique a lo que me dedico, la titulación, los angostos caminos que cada carrera dibuja, y la trayectoria profesional concreta pasada han sido cuestiones meramente accesorias y, en el mejor de los casos, catalizadoras de las cuestiones que realmente me importan: que el trabajo sea una herramienta de desarrollo personal… lo que decimos siempre.

En esa idea, las angustias que puedan generar a la gente más joven la anticipación de lo que va a ser su trayectoria laboral no tienen especial sentido, aunque sea inevitable experimentarlas. Juventud… a veces, maldito tesoro.

Todo exigirá esfuerzo, sacrificio, atención especial, desarrollo de nuevas habilidades… Es un error aplicar la energía que todo esto supone a un único nicho como el trabajo. En el desarrollo y la exposición a éste, necesariamente, vendrá un desarrollo que nos facilitará una percepción distinta del mundo laboral y del propio trabajo.

Por ello, L. F. y C. G., mis amigos que tan preocupado me tienen y tan poco caso me hacen: vivid. Sólo eso. Exponeos a las experiencias y el aprendizaje sin miedo y con determinación. No dentro de mucho veréis lo irrelevante de estas preocupaciones y las enormes oportunidades que la vida, cuando se toma el control de ella, ofrece.

En mi contexto, y uniendo esto a la anterior entrada, el teletrabajo, el cotrabajo y otros elementos me han permitido, ganarme la vida mediante lo que llevo haciendo y disfrutando muchos años y, además, sumar al global de mis actividades profesionales otros proyectos antagónicos con mi “profesión” pero que estamos disfrutando cosa bárbara. Este estado actual de las cosas es producto de todo lo sucedido en los años pretéritos, pero me atrevo a decir que, habiendo sucedido las cosas de manera distinta, mis pensamientos actuales sobre esta cuestión, no sería muy distintos.

Esto, parecía inviable el día que me dieron la última nota de la Licenciatura.

Juventud CON Futuro

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Emprendedores, social, 22 Junio 2011

Tengo especiales ganas de escribir esta entrada. Igualmente, tengo especial miedo de que se malinterpreten mis palabras, opiniones y el sentido de este post, ya que las susceptibilidades que despierta la crítica (en el sentido más positivo del término) hacia los movimientos y movilizaciones ciudadanas le exigen a uno andar -hablar- con pies de plomo.

Quería hablar sobre el movimiento Juventud Sin Futuro, parte esencial de los colectivos cuyas acciones han desembocado en el Movimiento 15J.

Como esto es un Blog sobre emprendimiento, coworking, productividad, trabajo, empleo y todas esas cosas, sobre ello queremos hablar en relación con las propuestas y postulados de esta plataforma.

Nuestra crítica hacia JSF y sus demandas, debe entenderse del todo constructiva. Entendemos lo positivo que hay detrás de que la gente alce su voz y se movilice de para alcanzar sus objetivos y el de hacer lobby o presión al propio sistema político, social y económico. Sin embargo, creo personalmente que esta plataforma nace de acuerdo a unos postulados que, si no son falsos, sí son rebatibles o debatibles y, desde luego, sí me parecen poco prácticos para la propia plataforma, para los jóvenes que se sienten representados en ella y en ella participan y, por extensión, para todos aquellos alineados con esta línea de pensamiento.

Como ya llevo 200 palabrejas y no he dicho nada, en lugar de recrearme en debates aburridos, me gustaría señalar mi opinión sobre algunos de los puntos que recoge el manifiesto de JSF.

La Reforma laboral, que aumenta la temporalidad de nuestros contratos, la flexibilidad laboral y supone la desaparición de la negociación colectiva, convirtiéndonos en trabajadores precarios/as de por vida

Sobre el mundo del empleo, el ser empleado, la crisis no ha traído nada nuevo en relación con esa tendencia empresarial de reducir costes por medio de reducir empleados: para los empresarios, es preferible subcontratar tareas antes que contratar un empleado para ello. Del selfcompany, autoempleo, emprendeduría, etc. se viene hablando largo tiempo.

¿Es eso necesariamente bueno o malo? No es el debate que quiero traer aquí. Pero considero que ello supone un escenario de enormes oportunidades para los jóvenes y para todo aquel que se incorpora al mercado laboral. De igual forma, como dijimos en un post anterior, la clave puede ser la capacidad de adaptación de cada uno a un contexto cambiante y desafiante con la “cultura laboral” que ha sedimentado en nuestro subconsciente personal y colectivo.

La Reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de nuestras futuras pensiones y nos dificulta aún más encontrar un trabajo digno. Todo ello nos plantea un horizonte sin futuro.

La Reforma del sistema de pensiones obedece al hecho de que debe existir un número de gente aportando a los fondos de pensiones en proporción a la población “dependiente”: pensionistas y menores de 15 años. Es una cuestión de sumar y restar personas al tiempo que se suman y restan números (dinero). Todo lo bueno que tienen los sistemas de protección social queda en riesgo ante la ausencia de una aproximación de todos acertada hacia el trabajo y el rol del trabajador y de las entidades que aglutinan a éstos en la conformación de la estructura social que resulta de la implementación de nuestros valores compartidos. Sin entrar en polémicas: este es uno de los grandes retos que tiene Europa por delante. Trabajar más años, es una de las posibles alternativas, pero que la continuidad de nuestros sistemas de protección social exige cambios profundos en nuestras propias sociedades está fuera de todo cuestionamiento.

La mercantilización de la Educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada, y no por la formación y el conocimiento. Una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría, con medidas que se concretan en una nueva selectividad que pone trabas al acceso a la universidad y en la degradación de la formación profesional.

Sobre el sistema educativo hablé en la anterior entrada. No tengo más modelo educativo que proponer que el que realmente sirve a las necesidades de cada persona y de todas las que se integran en su contexto social. De acuerdo a mi experiencia, la universidad española, incluyendo a la pública, obviamente, es tan ineficiente en lo que se le supone que debe ser, que considero que el debate no debe ser “mercantilización sí o no”, sino reconceptualizar y reformular ésta manera dramática y profunda. En este sentido, aprecio cierto posicionamiento por la continuidad de un sistema que a mí entender, falla estrepitosamente.

Frente a la salida de la crisis por la derecha, nosotras y nosotros, la generación precaria, señalamos a los culpables y reivindicamos ser escuchados.

Ya se sabe que “cuando todo el mundo es culpable, entonces nadie es culpable.” No considero que optar por una “resolución” basada en un enfoque de derechas o de izquierdas sea la cuestión central. Igualmente, no considero a esta generación una generación precaria, sino todo lo contrario: de una riqueza y un espectro de oportunidades que me producen envidia (sana).

Queremos recuperar nuestra capacidad para ser actores de un motor de cambio, combatiendo un país de precariedad, desempleo y privatización de nuestra educación.

Ya sois (y somos) todos un motor de cambio. Señalar a los culpables de que “ya no supongáis” y supeditar el ser ese “motor” a que esas peticiones se asuman y se integren en la política social, económica y laboral es algo así como cortarse las alas a uno mismo.

La continuación a todo esto, la próxima semana, que todo queda ya largo…

Movimiento E3 y política educativa

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 8 Junio 2011

Introducción del post: Microvideo de 22 segundos de Alfons Cornella explicando Movimiento E3

Parece que nuestros políticos tienen claro cómo salir de la crisis económica en la que nos encontramos. Nada nuevo bajo el sol: cambio del modelo productivo, refuerzo de la inversión en I+D+i, fomento de nuevos nichos de negocio, ajuste de las políticas públicas a las exigencias de la nueva realidad… No será tan fácil cuando sigue “lloviendo” de la forma en que lo hace.

Las claves para salir de la crisis no se concretan únicamente en estos aspectos. Yo no tengo todas las claves. De tenerlas, me habrían llamado ya para asesorar al gobierno o, mejor, ser yo mismo quien saque al país del bache. Lo que sí soy capaz de identificar es que la vulnerabilidad de España a los problemas financieros internacionales y sus dificultades particulares para superarla son de una naturaleza estructural de mayor alcance de la que parece que se aprecia de la retórica de nuestros políticos.

Desde luego, hacen falta cambios en las columnas relativas al nicho laboral que sustentan toda nuestra estructura social. Adaptar esta columna a las necesidades corrientes y particulares sin tocar el resto de pilares puede ser un plan genial para un político que aspira a ser evaluado cada cuatrienio, pero un plan nefasto para los ciudadanos que padecen las decisiones que emanan desde la función pública.

Y puesto que queremos solucionar la crisis, pues ya de paso, salgamos reforzados para evitar crisis futuras. Y ya que nos ponemos, por qué no implementamos cambios de tal naturaleza que nos acerquen a esa cosa tan “peregrina” y “excéntrica” como crear y asentar buenas condiciones de vida generales. No las explico porque todo el mundo sabe en qué se concretan unas buenas condiciones de vida.

Puesto que no se puede incidir en todos los factores que determinan esto, habrá que ser hábiles y buscar esos campos de intervención que presenten el mejor o mayor ratio de inversión/retribución. Obviamente, ese campo es la educación. Con mayúsculas: Educación.

Yo soy una víctima del lamentable sistema educativo español. Cuando tuve la suerte de estudiar en el extranjero pude comprobar el gap existente entre las formas de implementar las políticas educativas en nuestro país y las formas propias de otros lugares. En mi opinión, el sistema educativo español es, en todas sus fases, lamentable.

Podría hacer una lista casi infinita de las necesidades que yo mismo y, pienso, que la gente de mi generación tuvimos y que el sistema educativo fue incapaz de satisfacer. Los costes que de ello se derivan en términos personales y sociales son atroces.

La cosa pinta peor hoy en día, en el que la propia naturaleza de nuestro sistema propicia con siniestra eficacia el fracaso escolar y vital, el abandono de los estudios, el desprecio por el conocimiento útil, la desmotivación, etc., etc., etc. Esto es aún más sangrante si miramos al cuerpo de conocimiento sobre pedagogía y desarrollo cognitivo, así como a las herramientas que han aparecido desde el triste momento de mi incorporación a esta dictadura educacional.

Lo que para mí ya no era suficientemente válido ni útil, ahora es llanamente destructivo. Por todo ello, pocas cosas me hacen tan feliz como la iniciativa que están implementando nuestros amigos de Infonomía en colaboración con la Fundación Telefónica bajo la nomenclatura Movimiento E3 del proyecto Educared. No me detengo en explicarla: podéis ver su contenido en su web.

Por qué me parece una buena iniciativa:

- busca un cambio necesario mediante la adopción de los recursos que existen

- engloba, principalmente, a profesionales del mundo académico: profesores. A veces, lo más rápido para cambiar un sistema es desde entro de él mismo. Ojo, desde la periferia y no desde el núcleo.

- iniciativa privada. La incapacidad pública de atender las necesidades de un mundo de complejidad creciente me temo que nos llevarán pronto a tener que reconceptualizar y reconfigurar nuestro sistema de gobernanza. Entretanto, señores… no toquen nada.

- afán transformador. Transformar no debe ser un complementar, ni un reforzar ni nada que no suponga un cambio dramático con respecto a sobre lo que se pretende intervenir.

Por ver está en qué se concreta esta reformulación del sistema educativo y si calará en la iniciativa pública. Y si lo hace… cuándo. Mientras vemos cómo se desarrolla todo esto, me permito mandar un mensaje de ánimo a los chavales estudiantes y decirles que las oportunidades de alcanzar y aprovechar recursos formativos e informativos hoy es tan ingente, que no se ciñan a los contenidos e itinerarios curriculares. Y, con ello, también les pido disculpas, como adulto, por el sistema educativo que les hemos dejado. No hagáis lo mismo con las generaciones siguientes.

Emprender en soledad

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 30 Mayo 2011

Tengo una idea. Tengo ganas de emprender. Tengo habilidades para ello. Tengo medios a mi alcance.

No tengo dinero. No tengo socios. No tengo experiencia en la materia.

Imagino que este es el panorama de mucha gente. ¿En qué medida esto supone un freno a la iniciativa innovadora o, al contrario, un contexto de oportunidades de distinta naturaleza?

Cuando uno no sabe o no puede hacer algo, la solución es sencilla: contratar. Si no tenemos capacidad económica para ello, no queda otra que aprender. ¿Aprendemos primero y ejecutamos después o aprendemos sobre la marcha?.

Aprender haciendo es un aprendizaje más valioso que aprender segmentando el conocimiento y la acción. Conociendo la teoría, en el momento de pasar a la práctica apreciamos cuán diferente e inconexo es una cosa respecto a la otra.

Sin embargo, aprender haciendo, implica que a cada aprendizaje acompaña un error. Y eso se traduce en costes de oportunidad que pueden dar al traste con el proyecto.

Todo esto es muy emocionante desde el punto de vista vital, pero si nos ceñimos a cuestiones económicas, puede perder todo grado de emoción y ser otras cosas bien distintas.

Ser emprendedor exige, de entrada, cierto perfil. Conocimientos amplios, inteligencia, sagacidad, espíritu de sacrificio, serenidad, intuición… Si carecemos de alguno de estos elementos imprescindibles, volvemos al primer punto: o los adquirimos -cosa más difícil que aprender- o los “contratamos”: nos asociamos con personas que posean estas habilidades.

- Pero estábamos solos, ¿No recuerdas?

- Emprender en soledad, hace que la propia experiencia de emprender pierda cierta… “chicha”. Conozco gente con una actitud de “aquí estamos mis c*****s y yo solos ante el mundo”. Admiro, respeto y aprecio esa actitud. Sin embargo, como decimos, dado que nadie aglutina todos los conocimientos, capacidades y habilidades necesarios para emprender, los costes de emprender en solitario y la no exposición a las cosas positivas que tiene involucrarse en grupos, no lo hacen una opción.

Hay mil formas de buscar apoyos, compañeros, partenariados…

En mi caso, y con mi experiencia en ONLs pequeñas y grandes, las entidades pequeñas serían para este caso nuestro emprendedor solitario. Ante falta de medios y dificultades para captar recursos, hace falta usar la inteligencia.

Obcecarse en aprender a hacer todas las cosas que puedan necesitarse para un proyecto en un derroche de costes, recursos y energías inasumible, desde todo punto de vista.

En estos casos, cuando no se puede contratar, se buscan partenariados. Compartimos costes y riesgos y, de prosperar las iniciativas, todos salimos ganando.

- ¿Ganando? ¿ Te refieres a ganar dinero?

- Sí. Pero no sólo eso. Los vínculos creados con los partners, las relaciones profesionales y humanas que de ellos se han derivado, las sinergias producidas y el aprendizaje -reduciendo esos costes de oportunidad, ojo- y los proyectos de futuro que de todo ello surge encauzan de manera asombrosa el desarrollo de una iniciativa o un proyecto y hacen del emprender, una experiencia valiosísima. Mucho más que el hacerlo en soledad.

¿Construyes o destruyes?

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 4 Mayo 2011

Constructividad vs. destructividad ha sido un debate muy intenso que hemos tenido unos amigos este fin de semana -largo en Madrid-.

A raíz de un caso particular de un amigo, salieron a discusión multitud de cuestiones relativas a las actitudes en el trabajo. Concretamente, a las actitudes constructivas y a las destructivas ante multitud de elementos, realidades y sucesos que siempre acontecen en el mundo laboral.

Ante un problema surgido durante la ejecución de un proyecto, en el caso del que os hablo, afloraron en el equipo multitud de actitudes, que llamemos, destructivas a la hora de abordar tal problema: obviar solucionarlo y aprender de él favoreciendo la crítica y la negativa al diálogo.

Parece lógico que adoptar una actitud constructiva ante un problema es la mejor forma de abordarlo. Los motivos son caso infinitos. Ante una actitud constructiva de un equipo hacia un problema:

  • La solución se torna segura o, al menos, más probable
  • La información y el aprendizaje que se extrae de él es enormemente valiosa
  • Posibilita -y exige- la adopción de medidas para corregir o perfilar los determinantes de ese problema
  • Facilita un clima de trabajo satisfactorio, productivo y eficiente
  • Necesariamente, establece espacios, canales y contextos de comunicación beneficiosos para todos los integrantes del equipo y para todos los elementos que conforman una realidad laboral concreta

Parece obvio, sopesando los pros y los contras de cada uno de los dos abordajes de una problemática, cuál de ellos redunda en un neto valioso, y cuál de ellos redunda en todo lo contrario.

Se me ocurre decir que “ser un buen profesional” exige, entre multitud de cualidades, el abordaje constructivo de los problemas inherentes al ejercicio laboral. Casi me atrevería a decir que exige, además, un abordaje solidario: a todo el equipo o la entidad le incumben sus posibles consecuencias y todos deben hacer por alcanzar la solución y el aprovechamiento de la información que arroja tal suceso.

Mi aporte al debate del fin de semana, es que la línea que separa lo profesional y lo personal, no existe o es milimétricamente fina. No existe o es milimétricamente fina, al menos, en los términos en que parece que se entienden dentro de nuestra cultura laboral. La famosa separación de lo personal y lo profesional es una figura retórica.

No deseo entrar en debates filosóficos. Pero, dentro del coworking y la emprendeduría, muchos entendemos el trabajo como un medio y un instrumento de desarrollo personal. Las personas hacen el trabajo y el trabajo hace a las personas. En mi caso, en el trabajo, deseo lo mismo que en mi vida: bienestar, aprendizaje, relaciones sociales satisfactorias, asunción de retos, satisfacción de la curiosidad y la excitación que me producen las cosas…

No estoy seguro de que si alguien adopta una actitud destructiva en el trabajo necesariamente lo haga ante sucesos análogos de la vida personal o cotidiana. Sin embargo, sí creo que ante la observación de cómo es una persona en su cotidianidad, se pueden inferir patrones y repertorios de conducta que aplicará en el trabajo… y a la inversa.

¿En qué me interesa esto? En la medida en que en la emprendeduría uno tiene cierto margen en la elección de los compañeros de viaje, atender exclusivamente a las capacidades técnicas o profesionales de un compañero para conveniar asociarse puede traer consecuencias no deseadas por todas las partes.

Por contra, considerar también cuestiones de naturaleza personal repercute en las posibilidades de éxito y permanencia de la asociación.

Los casos de asociaciones profesionales entre personas que fracasan y se extinguen sin lograr sus objetivos son ingentes. Los factores que lo determinan son muchos, pero siempre la cuestión personal juega un papel determinante.

No existe una formula o algoritmo definido que nos diga quién puede propiciar un contexto de asociación mejor que quién. Pero me atrevo a decir que se le debe exigir lo mismo que exigimos para nuestra pareja, amigos, compañeros de piso o mascotas: alguien con quien se disfruta y se aprovecha el tiempo juntos.

Raúl Andrés, de Garage30, me ha instruido mucho sobre la elección de compañeros de proyectos. De hecho, los debates que nos traemos Raúl y yo, son siempre muy excitantes y provechosos. Dejando a un lado lo que aprendo -y quizás él también aprenda algo- y lo que disfruto, estos debates suponen un elemento para mí esencial de la compartición de espacios, tiempos y proyectos: la comunicación.

El primer paso: elegir las compañías y asociaciones adecuadas a nuestro perfil.

El segundo paso: la comunicación como el principal determinante e indicador de valor de las relaciones humanas. El próximo post sobre ello.

The Times They Are A-Changin´

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 3 Abril 2011

… que decía Bob Dylan en su disco del mismo nombre editado en 1964. Lo que se ha interpretado como un canto sobre los derechos civiles y el enorme avance que éstos experimentaron en la América de los años 60 sirve de banda sonora para ilustrar esos momentos de crisis o cambios dramáticos que se suceden de forma cíclica y se deslizan sobre el perenne cambio que el propio mundo social sufre constantemente.

En opinión de quien esto escribe -y de muchos más- estamos experimentando una etapa de cambios tan profundos, pero al mismo tiempo tan dramáticos y contundentes, que la capacidad de adaptación no se antoja ya como una virtud personal sino como un imperativo para la supervivencia social.

Lo paradójico de todo ello, es que el cambio social que acontece en una sociedad, el neto de cambio o transformación, resulta de la resolución entre los procesos y efectos propios del cambio y el avance y, por otro lado, entre la resistencia al cambio que todo sistema presenta.

En el mundo del trabajo -que es a donde quería llegar- coexisten a día de hoy dos formas de entender éste que resultan antagónicas y que, en su propia dialéctica, determinarán la forma en la que una nueva cultura del trabajo sedimente en todas las esferas sociales. Del mismo modo que para el cambio social, tendremos un neto que a buen seguro comprenderá las siguientes cuestiones:

  • Entre el trabajo de 9 a 5 por un lado y la sublimación de los ideales tecnócratas -esto es una licencia poética mía- por el lado contrario estará esa nueva realidad, cultura y entendimiento del trabajo
  • Quien no tenga capacidad para asumir la nueva realidad resultante y adaptarse a ella no tendrá lugar en ese nuevo mundo, en el sentido Darwiniano del término
  • Las nuevas formas de entender el trabajo y su aporte al ser humano no durarán mucho: ellas mismas se ocuparán de generar el nuevo escenario en el que el cambio tendrá lugar

El desarrollo tecnológico que venimos experimentando en todas las facetas de nuestra vida desde hace no mucho ha supuesto un cambio sustancial en la forma en que las personas trabajan, especialmente en la capacidad productiva. El convencimiento de las empresas sobre cuál debe ser su lugar en el mundo social lleva, igualmente, en debate y transformación desde hace muchos años. La aparición de nuevos nichos de negocio y actividad es tan común que se sucede casi diariamente. La ubicuidad de las comunicaciones ha transformado radicalmente el entendimiento del valor del espacio en la actividad humana. La capacidad transformadora de cada individual está posibilitando un empuje al desarrollo como nunca se ha visto. Y sin embargo… coexisten con todo ello realidades e ítems que no le resultan ajenos a alguien como mi abuela -que el otro día cumplió 92 años-.

No es mi intención hacer juicios de valor sobre la conveniencia del cambio y el camino que éste debe tomar. Desde luego, tenemos una opinión -que nos encanta desafiar-, pero ésta es una cuestión que toca muchas capas sensibles de muchas personas. Sí considero siempre necesario que el trabajo tome las formas necesarias para que resulte en un vehículo de crecimiento y desarrollo personal.

Existen iniciativas muy interesantes sobre ello. En ello andan igualmente en la empresa Gist que implementan en su equipo de empleados una “Nueva Cultura del Trabajo”. Podéis leer sobre ella en su BLOG.

Es posible combinar las necesidades de una empresa o una corporación con las necesidades, deseos, anhelos, preferencias y todo lo que pueda demandar un empleado. Del buen entendimiento entre ambas necesariamente se genera una satisfacción de esas necesidades con cierto perfil “sinérgico”: los beneficios serán superiores a la suma de los aportes de ambas partes.

Igualmente, emprender es siempre una opción. Dejando a un lado la enorme inversión en tiempo, capital y esfuerzo que emprender requiere, es cierto que posibilita la asunción de modos y formas de trabajo en coherencia con todo lo que aquí estamos hablando: el trabajo como un instrumento de valor para cada persona y para todas en su conjunto.

¿Y el coworking, tema central de este Blog? Pues los principios y metodologías propias del coworking se ajustan excelentemente bien a las nuevas realidades que, seguramente, traerán las nuevas culturas del trabajo. Para no extenderme, adjunto entrada sobre esta cuestión en Shareable.

Por último, recomendamos la siguiente lectura: The Future of Work. What It Means for Individuals, Businesses, Markets and Governments, por David Bollier.