El antes y el después del trabajo
por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 19 Julio 2011Nunca he bajado tan rápido de la felicidad a la angustia como cuando recibí mi último aprobado universitario. Los “2000 kilos de losa en la espalda” que suponía para mí en esa etapa final mi rol de universitario se esfumaron de golpe. Pocas veces he sentido esa sensación de relajación provocada por la culminación de un proyecto de naturaleza tan vital.
Pero la alegría duro poco. En menos de 5 minutos, una losa de 4000 kilos se anclo a mi espalda: se acabaron las tonterías y había que construirse una vida, trabajo mediante. Miedo a lo desconocido, inseguridades sobre mis propias capacidades, la obvia ausencia de conocimientos y experiencias que aporten valor a un empleador, la exposición al azar y la arbitrariedad propia de la vida y del mundo laboral…
Con la perspectiva que me dan los años, me resulta graciosa la ansiedad con la que afrontaba los sucesos propios de aquella edad. Los comienzos laborales no fueron fáciles, desde luego, pero para nada ha sucedido en forma y proporción correspondiente con ese grado de preocupación con el que comencé mi vida laboral adulta.
Digo todo esto porque dos personas cercanas a mi se encuentran en estados ansiosos parecidos por motivos parecidos: un recién licenciado y una amiga al borde de la expulsión de su facultad por acumulación de convocatorias suspensas. Suponen acontecimientos de escala vital.
En ambos casos, me gustaría que pudiesen experimentar lo mismo que yo: como se ven en perspectiva estas cuestiones. Pero para eso hacen falta unos años.
Si me hubiesen expulsado de mi carrera, dudo que hoy lo viese como un drama. Cuando comienzas a trabajar, aun en condiciones alejadas de tus expectativas, pocas cosas malas se extraen de ello y lo que aporta esa experiencia es valiosísimo y, en ningún caso, convertible a unidades monetarias de volumen conocido por el hombre.
Porque, en mi caso, y este es el motivo de que hoy me dedique a lo que me dedico, la titulación, los angostos caminos que cada carrera dibuja, y la trayectoria profesional concreta pasada han sido cuestiones meramente accesorias y, en el mejor de los casos, catalizadoras de las cuestiones que realmente me importan: que el trabajo sea una herramienta de desarrollo personal… lo que decimos siempre.
En esa idea, las angustias que puedan generar a la gente más joven la anticipación de lo que va a ser su trayectoria laboral no tienen especial sentido, aunque sea inevitable experimentarlas. Juventud… a veces, maldito tesoro.
Todo exigirá esfuerzo, sacrificio, atención especial, desarrollo de nuevas habilidades… Es un error aplicar la energía que todo esto supone a un único nicho como el trabajo. En el desarrollo y la exposición a éste, necesariamente, vendrá un desarrollo que nos facilitará una percepción distinta del mundo laboral y del propio trabajo.
Por ello, L. F. y C. G., mis amigos que tan preocupado me tienen y tan poco caso me hacen: vivid. Sólo eso. Exponeos a las experiencias y el aprendizaje sin miedo y con determinación. No dentro de mucho veréis lo irrelevante de estas preocupaciones y las enormes oportunidades que la vida, cuando se toma el control de ella, ofrece.
En mi contexto, y uniendo esto a la anterior entrada, el teletrabajo, el cotrabajo y otros elementos me han permitido, ganarme la vida mediante lo que llevo haciendo y disfrutando muchos años y, además, sumar al global de mis actividades profesionales otros proyectos antagónicos con mi “profesión” pero que estamos disfrutando cosa bárbara. Este estado actual de las cosas es producto de todo lo sucedido en los años pretéritos, pero me atrevo a decir que, habiendo sucedido las cosas de manera distinta, mis pensamientos actuales sobre esta cuestión, no sería muy distintos.
Esto, parecía inviable el día que me dieron la última nota de la Licenciatura.

