Emprender en soledad

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 30 Mayo 2011

Tengo una idea. Tengo ganas de emprender. Tengo habilidades para ello. Tengo medios a mi alcance.

No tengo dinero. No tengo socios. No tengo experiencia en la materia.

Imagino que este es el panorama de mucha gente. ¿En qué medida esto supone un freno a la iniciativa innovadora o, al contrario, un contexto de oportunidades de distinta naturaleza?

Cuando uno no sabe o no puede hacer algo, la solución es sencilla: contratar. Si no tenemos capacidad económica para ello, no queda otra que aprender. ¿Aprendemos primero y ejecutamos después o aprendemos sobre la marcha?.

Aprender haciendo es un aprendizaje más valioso que aprender segmentando el conocimiento y la acción. Conociendo la teoría, en el momento de pasar a la práctica apreciamos cuán diferente e inconexo es una cosa respecto a la otra.

Sin embargo, aprender haciendo, implica que a cada aprendizaje acompaña un error. Y eso se traduce en costes de oportunidad que pueden dar al traste con el proyecto.

Todo esto es muy emocionante desde el punto de vista vital, pero si nos ceñimos a cuestiones económicas, puede perder todo grado de emoción y ser otras cosas bien distintas.

Ser emprendedor exige, de entrada, cierto perfil. Conocimientos amplios, inteligencia, sagacidad, espíritu de sacrificio, serenidad, intuición… Si carecemos de alguno de estos elementos imprescindibles, volvemos al primer punto: o los adquirimos -cosa más difícil que aprender- o los “contratamos”: nos asociamos con personas que posean estas habilidades.

- Pero estábamos solos, ¿No recuerdas?

- Emprender en soledad, hace que la propia experiencia de emprender pierda cierta… “chicha”. Conozco gente con una actitud de “aquí estamos mis c*****s y yo solos ante el mundo”. Admiro, respeto y aprecio esa actitud. Sin embargo, como decimos, dado que nadie aglutina todos los conocimientos, capacidades y habilidades necesarios para emprender, los costes de emprender en solitario y la no exposición a las cosas positivas que tiene involucrarse en grupos, no lo hacen una opción.

Hay mil formas de buscar apoyos, compañeros, partenariados…

En mi caso, y con mi experiencia en ONLs pequeñas y grandes, las entidades pequeñas serían para este caso nuestro emprendedor solitario. Ante falta de medios y dificultades para captar recursos, hace falta usar la inteligencia.

Obcecarse en aprender a hacer todas las cosas que puedan necesitarse para un proyecto en un derroche de costes, recursos y energías inasumible, desde todo punto de vista.

En estos casos, cuando no se puede contratar, se buscan partenariados. Compartimos costes y riesgos y, de prosperar las iniciativas, todos salimos ganando.

- ¿Ganando? ¿ Te refieres a ganar dinero?

- Sí. Pero no sólo eso. Los vínculos creados con los partners, las relaciones profesionales y humanas que de ellos se han derivado, las sinergias producidas y el aprendizaje -reduciendo esos costes de oportunidad, ojo- y los proyectos de futuro que de todo ello surge encauzan de manera asombrosa el desarrollo de una iniciativa o un proyecto y hacen del emprender, una experiencia valiosísima. Mucho más que el hacerlo en soledad.

¿Construyes o destruyes?

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 4 Mayo 2011

Constructividad vs. destructividad ha sido un debate muy intenso que hemos tenido unos amigos este fin de semana -largo en Madrid-.

A raíz de un caso particular de un amigo, salieron a discusión multitud de cuestiones relativas a las actitudes en el trabajo. Concretamente, a las actitudes constructivas y a las destructivas ante multitud de elementos, realidades y sucesos que siempre acontecen en el mundo laboral.

Ante un problema surgido durante la ejecución de un proyecto, en el caso del que os hablo, afloraron en el equipo multitud de actitudes, que llamemos, destructivas a la hora de abordar tal problema: obviar solucionarlo y aprender de él favoreciendo la crítica y la negativa al diálogo.

Parece lógico que adoptar una actitud constructiva ante un problema es la mejor forma de abordarlo. Los motivos son caso infinitos. Ante una actitud constructiva de un equipo hacia un problema:

  • La solución se torna segura o, al menos, más probable
  • La información y el aprendizaje que se extrae de él es enormemente valiosa
  • Posibilita -y exige- la adopción de medidas para corregir o perfilar los determinantes de ese problema
  • Facilita un clima de trabajo satisfactorio, productivo y eficiente
  • Necesariamente, establece espacios, canales y contextos de comunicación beneficiosos para todos los integrantes del equipo y para todos los elementos que conforman una realidad laboral concreta

Parece obvio, sopesando los pros y los contras de cada uno de los dos abordajes de una problemática, cuál de ellos redunda en un neto valioso, y cuál de ellos redunda en todo lo contrario.

Se me ocurre decir que “ser un buen profesional” exige, entre multitud de cualidades, el abordaje constructivo de los problemas inherentes al ejercicio laboral. Casi me atrevería a decir que exige, además, un abordaje solidario: a todo el equipo o la entidad le incumben sus posibles consecuencias y todos deben hacer por alcanzar la solución y el aprovechamiento de la información que arroja tal suceso.

Mi aporte al debate del fin de semana, es que la línea que separa lo profesional y lo personal, no existe o es milimétricamente fina. No existe o es milimétricamente fina, al menos, en los términos en que parece que se entienden dentro de nuestra cultura laboral. La famosa separación de lo personal y lo profesional es una figura retórica.

No deseo entrar en debates filosóficos. Pero, dentro del coworking y la emprendeduría, muchos entendemos el trabajo como un medio y un instrumento de desarrollo personal. Las personas hacen el trabajo y el trabajo hace a las personas. En mi caso, en el trabajo, deseo lo mismo que en mi vida: bienestar, aprendizaje, relaciones sociales satisfactorias, asunción de retos, satisfacción de la curiosidad y la excitación que me producen las cosas…

No estoy seguro de que si alguien adopta una actitud destructiva en el trabajo necesariamente lo haga ante sucesos análogos de la vida personal o cotidiana. Sin embargo, sí creo que ante la observación de cómo es una persona en su cotidianidad, se pueden inferir patrones y repertorios de conducta que aplicará en el trabajo… y a la inversa.

¿En qué me interesa esto? En la medida en que en la emprendeduría uno tiene cierto margen en la elección de los compañeros de viaje, atender exclusivamente a las capacidades técnicas o profesionales de un compañero para conveniar asociarse puede traer consecuencias no deseadas por todas las partes.

Por contra, considerar también cuestiones de naturaleza personal repercute en las posibilidades de éxito y permanencia de la asociación.

Los casos de asociaciones profesionales entre personas que fracasan y se extinguen sin lograr sus objetivos son ingentes. Los factores que lo determinan son muchos, pero siempre la cuestión personal juega un papel determinante.

No existe una formula o algoritmo definido que nos diga quién puede propiciar un contexto de asociación mejor que quién. Pero me atrevo a decir que se le debe exigir lo mismo que exigimos para nuestra pareja, amigos, compañeros de piso o mascotas: alguien con quien se disfruta y se aprovecha el tiempo juntos.

Raúl Andrés, de Garage30, me ha instruido mucho sobre la elección de compañeros de proyectos. De hecho, los debates que nos traemos Raúl y yo, son siempre muy excitantes y provechosos. Dejando a un lado lo que aprendo -y quizás él también aprenda algo- y lo que disfruto, estos debates suponen un elemento para mí esencial de la compartición de espacios, tiempos y proyectos: la comunicación.

El primer paso: elegir las compañías y asociaciones adecuadas a nuestro perfil.

El segundo paso: la comunicación como el principal determinante e indicador de valor de las relaciones humanas. El próximo post sobre ello.

Idea, ejecución… y financiación en el sector Social

por carlos mirete y guardado en: Emprendedores, social, 15 Marzo 2011

Hace poco me presentaba como colaborador en el blog, soy Carlos Mirete y para que me vayáis conociendo, mi sector: en el que trabajo y en el que estoy emprendiendo es el mundo social. Llevo varios años dedicado a la intervención social en colectivos desfavorecidos, en riesgo de exclusión o en necesidad de atención. Concretamente, mis conocimientos y acción se han centrado en el mundo de la gerontología, lo que incluye principalmente a las personas mayores, pero que toca con detalle también la discapacidad y la dependencia. Lógicamente, me he especializado, entre otras cosas, en los usos en que las nuevas tecnologías pueden suponer un impulso a la atención y mejora de las condiciones de vida, el disfrute de derechos y la integración social de estos colectivos. Tras ello, y de forma paralela, me encuentro desenvolviéndome en el uso de herramientas tecnológicas y gestión de contenidos sociales, interactuando con los implicados en el sector social y en el sector tecnológico y de Internet. Todo ello con el objetivo de aportar valor de manera eficiente al mundo que me rodea.

Entre el valor de las ideas y de las ejecuciones sobre el que venimos hablando, hemos terminado de desarrollar un equipo de técnicos y quien os habla un proyecto que, creemos, significa un gran aporte y valor social.

En ello, hemos desarrollado un proyecto de atención innovador, de un alto ratio de efectividad y, creemos, de enorme valor dirigido a los cuidadores familiares de personas con dependencia. Los cuidadores son un colectivo que contempla una especial necesidad de atención por dos motivos: por las dificultades diarias y el enorme riesgo de exclusión al que se exponen y, por otro lado, por la invisibilidad social que atesoran, no existiendo apenas literatura y conocimientos sobre ellos que redunden en servicios, proyectos, programas y políticas de atención.

Ahí es donde entramos el equipo de técnicos y consultores sociales que hemos puesto nuestras cabezas a pensar y, como digo, hemos desarrollado una iniciativa de intervención que, lógicamente, requiere de un acompañamiento financiero.

Los proyectos sociales, dirigidos a generar impactos en personas y colectivos en dificultad, exclusión o vulnerabilidad difieren de las iniciativas lucrativas en muchos aspectos, pero contemplan del mismo modo ítems comunes.

Así, nos encontramos buscando financiación para el proyecto por medio de demostrar la rentabilidad -en términos sociales- que éste traerá consigo. Esto no es cuestión baladí, puesto que poder proyectar el impacto de una intervención en la vida cotidiana de sus futuros beneficiarios  y reducirlo a valores objetivos y cuantitativos que permitan al financiador sopesar su apuesta por el proyecto exige un ejercicio de reflexión agudo.

Y, sin embargo, el valor del proyecto y sus más que previsibles beneficios no garantizan que éste capte la atención y el interés del financiador. Igual que sucede cuando hablamos de iniciativas empresariales.

Y es que, efectivamente, debemos vender un producto. Y es en la presentación de éste donde, además de mostrar el valor que aporta el proyecto, debemos implementar estrategias de venta y comunicación que no difieren en ningún término de las que deben aplicarse en cualquier contexto o escenario de venta y de propuesta. Seguramente muchos de los que nos leéis habréis pasado por ello.

De este modo estamos en ello ahora: preparar la estrategia de venta que nos posibilite generar el impacto deseado en los cinco minutos que nos va a dedicar el posible financiador.

Es en este aspecto, donde hemos identificado que más carencias mostramos los implicados en la formulación del proyecto. Nuestras capacidades y conocimientos técnicos no se corresponden con habilidades y destrezas comerciales proporcionales. Por ello, nos hallamos inmersos en un proceso de consulta de fuentes, debates en el grupo y desarrollo de un guión de venta que posibilite lo siguiente: que alguna carencia en algún elemento del proceso que comprende desde el surgimiento de una idea hasta su puesta en marcha gracias a la financiación conseguida no de al traste con la globalidad de una iniciativa que, entendemos, posee un gran valor. Llanamente: nos encontramos reforzando ese aspecto que genera descompensaciones en el citado proceso de implementación de nuestra idea. Aprendiendo a vender, vaya.

Estas son algunas de las ideas que hemos encontrado buscando por Internet y que nos están ayudando en el proceso de establecer la estrategia y actitud comercial in situ, en el momento de vender la idea a un cliente concreto. No es información concluyente, pero sí nos está aportando ideas y estrategias a la hora de realizar la presentación del producto.

Esperamos que resulten de utilidad a nuestros lectores para hacer una primera toma de contacto sobre esta cuestión cuando tengan la necesidad de mostrar in situ su proyecto a clientes o financiadores:

Cómo vender una idea de forma impactante en Maestros del Web

Casi más importante que la propia idea o diseño es saber proponerla correctamente al cliente. en Desarrollo Web

Tips on how to pitch en Slideshare

The art of the pitching en Slideshare

How to pitch an idea en Scott Berkun

Bajo estas y otras premisas, adaptaremos la estrategia y la presentación a cada financiador habiendo identificado antes características propias de él. Para el caso que ocupa a nuestro proyecto: interés mostrado en el colectivo, ajuste de este proyecto a sus líneas de acción estratégicas, posibilidades financieras, incidencia del problema y presencia del colectivo en su campo de acción desde una aproximación demográfica, etc.

De hecho, y yendo aún más allá, el contenido del proyecto se puede compartimentar en módulos que se ajusten a las características o intenciones del financiador de forma que se implemente parte o partes del proyecto manteniendo un alto ratio de coste/eficiencia.

Y en ello estamos, debatiendo y consultando sobre estrategias de venta. A los que leéis esto, espero que esta experiencia que cuento os sirva. La emprendeduría social tiene sus reglas propias pero también muchos segmentos coincidentes con los restantes tipos de emprendeduría. Si tenéis algo que aportar de acuerdo a vuestra propia experiencia, por favor, no dejéis de comentar.

El error positivo, un acierto de libro

por raul andrés y guardado en: Emprendedores, 4 Julio 2009

El error positivo de Rafael Galán y Javier EscuderoRafael Galán (un buen amigo del garage) y Javier Escudero compañeros redactores en la revista Emprendedores han errado positivamente, se han atrevido a escribir un libro sobre lo positivo que es cometer errores. Se llama el error positivo. Y aunque no lo he leido aún, apoyo incondicionalmente esto de cometer errores, para aprender, para innovar, para evolucionar, sin errores no habría evolución. Ellos lo han enfocado al ámbito empresarial y a esto de emprender lo cual me parece algo más que interesante. Es algo que se observa continuamente en el mundo empresarial, los errores echan mano de la cobardía y la opacidad haciendo de barrera perfecta, esto hace de freno en toda empresa que intente ignorar los mismos o que no tenga las reflexiones acerca de los errores del pasados o del presente, reflexiones tan necesarias para sacar una empresa adelante. Reflexionar, analizar los errores nos lleva a nuevos estados tanto emocionales como profesionales.

Cuántas empresas han nacido por error, por casualidad. A veces pienso que crear una empresa es dejarse llevar por el momento en que se vive, por lo que dice el mercado y todas las personas cercanas a la misma. Por eso es bueno compartir los errores y escuchar las críticas, las mejoras y hasta incluso motivarse con los errores propios.

Conocimos a Rafael a través de su entrevista a Garage30, vino una mañana de lunes y probó nuestros desayunos con churros y porras, también un poco de coworking conocimientos en comunicación a cambio de algo de tecnología. Posteriormente se publicaron varios artículos en la revista Emprendedores de nuestra historia de garage, de nuestra pequeña empresa pero con grandes sueños. Nosotros no tenemos aún revista pero si un humilde blog en el que siempre está en mente apoyar a toda iniciativa que huela a emprender y esta dada la carga periodista empresarial que lleva en sus hojas, de olor empresarial lleva un rato.

El libro El Error positivo, tiene web, tiene twitter, varias entrevistas en video, y hasta una aparición en tv telemadrid. Se puede comprar en las librerías más importantes.

Si quereis leer un resúmen más ampliado del libro Juan Carlos Cubeiro nos los brinda desde su blog.

emprender es renunciar al presente a esperas del futuro

por raul andrés y guardado en: Brainstorming, Emprendedores, entrevistas, 30 Junio 2009

Me encantó este video de Baquia de una entrevista de Rodolfo a Eduardo Serra de la fundación Everis y quería compartirlo con más emprendedores que sé que pasais por aquí de vez en cuando. Cómo se que este tema forma parte de algunas de las reflexiones internas durante la vida de una persona emprendedora pensé que no estaría de más reflexionarlo juntos con vosotros, queridos conversadores. El video trata de una definición de qué es ser emprendedor.

Es una de las definiciones más acertadas que he escuchado, complementaria a la de Carlos Barrabes, sobre lo que es realmente ser emprendedor y a muchos os gustará escuchar por la satisfacción que da al oirlo una vez más. Eduardo comenta tal que así: Los emprendedores renuncian a bienes y algo de tiempo del presente para recuperar beneficios de tiempo y bienestar en el futuro. Es decir no nos compramos coches fuera de nuestras posibilidades, ajustamos bien los gastos e incluso en ciertas temporadas si hiciera falta rozariamos la austeridad y mantenemos una esperanza firme de que más adelante disfrutemos al máximo y todo será de otra manera. Aún así somos felices con cada cosa que hacemos.

Compartiendo mucho esta reflexión con Eduardo, alguna vez (no muchas) he pensado:  la de horas que estoy echando… a la de cosas que estoy renunciando… pero siempre me había quedado el buen sabor de imaginarme que algún día el simplemente hecho de haberlo conseguido con tanto esfuerzo recompensará con creces.  Y Sinceramente creo que es así.  De echo es una de las conversaciones que he tenido con amigos y familiares durante años, que con confianza me han llegado a decir: ¿no piensas que desperdicias tu tiempo?, que la vida también es importante. Mi respuesta siempre rotunda: me gusta lo que hago, me gusta satisfacer los deseos de los demás y ver que las personas quedan satisfechas, vivo bien y mis allegados tambień, además tengo tiempo para todo. Y al final les pregunto ¿Qué crees que me falta?. Algunas respuestas a las que incluyo desde ya mi agradecimiento tengo que decir que introdujeron cambios en mi vida, otras no.

Ya me habían dicho algunos mentores lo mismo y cierto es que desde pequeño ya había pensado en esto: mantente apurado ahora de jóven y de mayor serás más libre.

Bueno para terminar tengo que decir que aún sigo y seguiré por un tiempo estando ocupado, y siempre evitando tener la cabeza quieta, por eso de que aparecen malos pensamientos ;)