El ideario de Warren Buffet: una Historia Interesante

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, 15 Abril 2011

El otro día citábamos en Twitter el siguiente enlace: ¿Para qué sirve el dinero?, en el que se recogían algunos aspectos del modo de vida de Warren Buffet, uno de los principales inversionistas del Siglo XX.

Para el que desee profundizar en su biografía, existen multitud de artículos en Internet, pero el que recoge Wikipedia es bastante claro y completo.

Reconozco que siento una enorme pasión por las biografías. Es uno de los géneros literarios que más consumo. El aprovechamiento de una biografía se basa en la exposición a multitud de información valiosa que está comprendida entre una mera anécdota genial hasta, en el otro extremo, una historia vital de gran valor pedagógico e instructivo.

Reconozco que, igualmente, me apasionan las historias de emprendeduría, como la de Warren Buffet. Sin embargo, he encontrado especialmente interesantes ciertos aspectos sobre él que no se encuentran muy  diseminados por Internet, sino todo lo contrario: al igual que en el enlace que proveemos más arriba, este “ideario” de Warren Buffet aparece en multitud de páginas cuando buscamos información sobre esta persona en cualquiera de los buscadores más comunes.

Y es esa, precisamente, la parte que, considero, más aprovechable es de toda la información que he encontrado sobre Warren Buffet.

Me aburren las finanzas. Quizás me aburren porque soy el tipo de persona que NUNCA debería invertir por sí solo.

Sin embargo, el ideario Del Sr. Buffet sí es del todo merecedor de tenerse en cuenta:

A. El dinero no crea al hombre, sino que fue el hombre el que creó el dinero

B. La vida es tan simple como usted la haga.

C. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor.

D. No se vaya por las marcas. Póngase aquellas cosas en las que se sienta cómodo.

E. No gaste su dinero en cosas innecesarias. Gaste en aquellos que de verdad lo necesitan.

F. Después de todo, es su vida. ¿Para qué darle la oportunidad a otros de manejársela?

G. Si el dinero no sirve para compartirlo con los demás, entonces ¿para que sirve?

He destacado en negrita los que me gustan particularmente.

Lo que me gusta de ellos es no sólo escuchar a una persona con amplia experiencia hablar sobre formas de vivir la vida u organizar ésta. El éxito tan grande en los negocios que ostenta Warren Buffet no se consigue sin un conocimiento profundo del ser humano y de su propia naturaleza: de uno mismo y de la de los demás. Sólo la experiencia lleva a ese conocimiento y quien sabe aprovechar las experiencias, a buen seguro, tiene una parcela del éxito ya adquirida. Aprovechar las experiencias implica, necesariamente, exprimir sus enseñanzas hasta las últimas consecuencias.

Cuando hablo del éxito, me refiero a éste desde una aproximación vital: dibujado por cada uno y diferente en cada uno de nosotros. El éxito toma muchas formas, pero llegar a ellas no suele lograrse desde la ausencia del conocimiento.

El conocimiento por el conocimiento no parece una cosa excesivamente útil. Aplicar el conocimiento que adquiramos para modificar los determinantes que inciden en nuestra vida, felicidad y bienestar de forma beneficiosa es imperativo. La consecución de nuestros objetivos vitales y nuestra satisfacción cotidiana son posibles de esta manera.

En ello, el trabajo juega un rol fundamental. El otro día hablábamos del cambio social y del cambio en el futuro del trabajo. El trabajo debe ser un catalizador de aprendizaje, desarrollo personal, de disfrute y de todos aquellos elementos que redundan en nuestro bienestar y en nuestra mejora continua como individuos y como ciudadanos. Ok, sé que no siempre es así, pero la ausencia total de estos elementos en el desempeño de las tareas de nuestro modo de vida, precisamente juegan en contra de todo lo que hablamos: aprender para aplicar lo aprendido a la mejora propia y de los que nos rodean.

Yo ando en ello, y poco a poco estoy construyendo realidades muy positivas en mi vida y que significan un avance notable frente a realidades no tan lejanas. En el trabajo, en mi entorno social, en mi exposición a la ingente información disponible, en la esfera afectiva… Sé dónde quiero llegar vitalmente hablando y estoy aprendiendo a asfaltar el camino que me lleva allí.

Entretanto, no dejo de escuchar lo que tienen que decir los demás. Y es que, C. No haga lo que los otros digan. Escúchelos, pero haga lo que lo hace sentir mejor.

The Times They Are A-Changin´

por carlos mirete y guardado en: Brainstorming, Coworking, Emprendedores, social, 3 Abril 2011

… que decía Bob Dylan en su disco del mismo nombre editado en 1964. Lo que se ha interpretado como un canto sobre los derechos civiles y el enorme avance que éstos experimentaron en la América de los años 60 sirve de banda sonora para ilustrar esos momentos de crisis o cambios dramáticos que se suceden de forma cíclica y se deslizan sobre el perenne cambio que el propio mundo social sufre constantemente.

En opinión de quien esto escribe -y de muchos más- estamos experimentando una etapa de cambios tan profundos, pero al mismo tiempo tan dramáticos y contundentes, que la capacidad de adaptación no se antoja ya como una virtud personal sino como un imperativo para la supervivencia social.

Lo paradójico de todo ello, es que el cambio social que acontece en una sociedad, el neto de cambio o transformación, resulta de la resolución entre los procesos y efectos propios del cambio y el avance y, por otro lado, entre la resistencia al cambio que todo sistema presenta.

En el mundo del trabajo -que es a donde quería llegar- coexisten a día de hoy dos formas de entender éste que resultan antagónicas y que, en su propia dialéctica, determinarán la forma en la que una nueva cultura del trabajo sedimente en todas las esferas sociales. Del mismo modo que para el cambio social, tendremos un neto que a buen seguro comprenderá las siguientes cuestiones:

  • Entre el trabajo de 9 a 5 por un lado y la sublimación de los ideales tecnócratas -esto es una licencia poética mía- por el lado contrario estará esa nueva realidad, cultura y entendimiento del trabajo
  • Quien no tenga capacidad para asumir la nueva realidad resultante y adaptarse a ella no tendrá lugar en ese nuevo mundo, en el sentido Darwiniano del término
  • Las nuevas formas de entender el trabajo y su aporte al ser humano no durarán mucho: ellas mismas se ocuparán de generar el nuevo escenario en el que el cambio tendrá lugar

El desarrollo tecnológico que venimos experimentando en todas las facetas de nuestra vida desde hace no mucho ha supuesto un cambio sustancial en la forma en que las personas trabajan, especialmente en la capacidad productiva. El convencimiento de las empresas sobre cuál debe ser su lugar en el mundo social lleva, igualmente, en debate y transformación desde hace muchos años. La aparición de nuevos nichos de negocio y actividad es tan común que se sucede casi diariamente. La ubicuidad de las comunicaciones ha transformado radicalmente el entendimiento del valor del espacio en la actividad humana. La capacidad transformadora de cada individual está posibilitando un empuje al desarrollo como nunca se ha visto. Y sin embargo… coexisten con todo ello realidades e ítems que no le resultan ajenos a alguien como mi abuela -que el otro día cumplió 92 años-.

No es mi intención hacer juicios de valor sobre la conveniencia del cambio y el camino que éste debe tomar. Desde luego, tenemos una opinión -que nos encanta desafiar-, pero ésta es una cuestión que toca muchas capas sensibles de muchas personas. Sí considero siempre necesario que el trabajo tome las formas necesarias para que resulte en un vehículo de crecimiento y desarrollo personal.

Existen iniciativas muy interesantes sobre ello. En ello andan igualmente en la empresa Gist que implementan en su equipo de empleados una “Nueva Cultura del Trabajo”. Podéis leer sobre ella en su BLOG.

Es posible combinar las necesidades de una empresa o una corporación con las necesidades, deseos, anhelos, preferencias y todo lo que pueda demandar un empleado. Del buen entendimiento entre ambas necesariamente se genera una satisfacción de esas necesidades con cierto perfil “sinérgico”: los beneficios serán superiores a la suma de los aportes de ambas partes.

Igualmente, emprender es siempre una opción. Dejando a un lado la enorme inversión en tiempo, capital y esfuerzo que emprender requiere, es cierto que posibilita la asunción de modos y formas de trabajo en coherencia con todo lo que aquí estamos hablando: el trabajo como un instrumento de valor para cada persona y para todas en su conjunto.

¿Y el coworking, tema central de este Blog? Pues los principios y metodologías propias del coworking se ajustan excelentemente bien a las nuevas realidades que, seguramente, traerán las nuevas culturas del trabajo. Para no extenderme, adjunto entrada sobre esta cuestión en Shareable.

Por último, recomendamos la siguiente lectura: The Future of Work. What It Means for Individuals, Businesses, Markets and Governments, por David Bollier.